Francisca Bartolozzi, dibujando la guerra

A Pitti, alias cariñoso de Francisca Bartolozzi Sánchez la desubrí mientras me documentaba para el post de Delhy Tejero.

Y fue la cariñosa y visual descripción de su amiga lo que hizo que me interesara esta otra olvidada.

Francisca nació en Madrid en 1908 en el seno de una familia de arte, rodeada de dibujantes, pinceles y lápices.

Estudio en la Institución Libre de Enseñanza, lugar que empieza a ser un lugar común de todas estas mujeres sobre las que escribo, y fue alumna de María de Maeztu o Victoria Kent. En el 32 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes donde conoció a Delhy Tejero y me preguntó si llegó a coincidir con Maruja Mallo. Tengo que buscar sus cartas.

Al igual que su amiga Delhy, eligió un alias y comenzó a trabajar realizando ilustraciones para revistas como Crónica o el suplemento que le abrió las puertas a Elena Fortún, Gente Menuda.

A la autora de Celia la conoció en las tertulias del Lyceum club femenino y rompió moldes al proponer crear, en 1931 el Primer Salón de Dibujantas. Tal cual. En femenino.

De ella no hablé en mis Misiones en femenino, pero Pitty también colaboró en las Misiones. Es más, gran parte de los carteles tienen su firma.

Gomez de la Serna la definió como “el Toulouse Lautrec español,”un piropo que no deja de ser patriarcal al intentar resaltar su figura en respecto a la de un hombre.

Durante los primeros días de Guerra, estuvo a punto de ser fusilada cuando un grupo de republicanos la detuvo al confundirla con una francotiradora.

No se asustó y permaneció en la capital donde trabajó para el Altavoz del Frente,una experiencia cultural republicana en la que el teatro, la música, la radio y la propaganda se daban cita a diario. Pero no dejó de dibujar y sus bocetos a lápiz y plumilla de la guerra formaron una colección privada que no vio la luz hasta los años 80 cuando las obras fueron compradas por el Museo de Navarra y pasaron a integrar una exhibición itinerante sobre la Guerra Civil.

En 1937 trabajó para el Pabellón Español de la Exposición Universal de París pintando aguafuertes desde Valencia. Ya en democracia, fueron expuestos en el Reina Sofía.

Tras la guerra, se mudó junto a su marido a Pamplona donde no dejó de pintar ni un instante pese a que durante la posguerra y dictadura, su figura fue eclipsada por la de su marido, el también pintor Pedro Lozano de Sotés.

Murió en Pamplona en el 2004, casi con 100 años de edad.

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